Lo que nadie te dice de vivir en pareja

La clave está en empezar desde cero

Una de las cosas más importantes es que puedan armar espacios y recuerdos nuevos para los dos. Si deciden que se mudarán a la casa que ya le pertenece a alguno, es probable que el proceso de adaptación sea más complicado pues uno se sentirá invadiendo y el otro (así nunca lo acepte) se sentirá un poco invadido. Para evitar comentarios del tipo “yo aquí estoy acostumbrado/a a hacerlo así”, es mejor buscar un espacio neutral.

Las finanzas son de cuidado

Mientras cada quien tiene su casa, el dinero en pareja suele ser una cuestión de ocio y esparcimiento: comidas, viajes, invitaciones… nada de qué preocuparse. Ahora que viven juntos, las finanzas y el dinero se pueden llegar a convertir en un tema delicado. ¿Quién paga qué y cómo repartimos los gastos? Lo único que les podemos decir es que independientemente de su situación económica o de las posibilidades de cada uno, lo realmente importante es asegurarse de que ambos estén cómodos y conformes con el acuerdo al que lleguen.

Dime qué comes y te diré cuánto me afecta

Una simple ida al supermercado puede terminar en pelea o al menos en disgusto silencioso: “¿Quién diablos considera que 3 paquetes de salchichas grasosas, chips y salsa cheddar más falsa que la Barbie son todo lo que se necesita para sobrevivir?” Cuando vemos a nuestra pareja introduciendo en el carrito cosas que jamás se nos pasarían por la cabeza, podemos seriamente llegar a replantear el origen de nuestra relación.

El baño pasa de ser tu templo de paz a un campo de batalla

Bueno, esto tal vez si te lo habían dicho, pero nunca sobra recordártelo. A menos de que tengan la suerte de contar con baños separados, prepárate para que la rutina de acicalamiento diaria sea fuente de discordia. La afeitada, el maquillaje, el tiempo que cada uno le dedica a su ducha diaria y una infinidad de pequeños detalles que nunca consideraste posibles empiezan a emerger como potenciales peleas.

Entenderás el verdadero significado de “durmiendo con el enemigo”

Nada que hacer. Hasta las parejas más sanas tienen desacuerdos y momentos en que queremos matar al otro. Lastimosamente, los días de “me voy a mi casa y hablamos en un par de días” ya no existen y toca resoplar y patalear sabiendo que no hay escapatoria posible. A afrontar los problemas como adultos que esta noche también dormimos juntos.

Si antes no tenías espacio para tu ropa, ahora ni lo sueñes

Ceder y compartir: las dos palabras que definen la convivencia también aplican para tu preciado clóset. Lo sentimos mucho, pero así es.

A veces querrás huir y mandar todo al diablo

Si después de un largo día de trabajo, el hogar te recibe con platos sucios hasta más no poder, una toalla aún mojada encima de la cama y un hombre que te dice “no hay nada de comer”, lo más probable es que quieras volver a cerrar la puerta y nunca más volver. Paciencia, de eso también se trata el convivir.

Dormir sola se vuelve un pequeño lujo

Nada tiene que ver con el amor, el cariño o la delicia de dormir abrazados. Pero a veces dormir sola será un bien muy preciado y bastante escaso. Una noche de toda la cama para nosotras y sin ningún ronquido, movimientos ajenos o paradas al baño puede ser una mini versión de las vacaciones.

Sí. Tú también tienes muchas mañas y manías insoportables

Adiós a creer que somos perfectas y todo lo hacemos bien. Así como tú no soportarás que él deje su ropa tirada en el baño, él también te hará notar una cantidad de cosas que para ti eran muy normales pero pueden sacar a otra persona de quicio

Entenderás de verdad su relación con su familia

Y no siempre te encantará. Puedes descubrir que es más dependiente de sus padres de lo que creías y te empezarás a involucrar más en sus problemas familiares lo cual puede resultar muy complicado. Así mismo, él también verá a tu familia con otro lente, tal vez ese que siempre quisimos ocultar. Prudencia y comunicación.

Verás que no eres tan egoísta como siempre pensaste

Tal vez una de las cosas más bonitas de vivir con alguien es darse cuenta de que también podemos desprendernos del ego y comprobar que a veces no nos cuesta nada pensar en otra persona primero que en nosotros mismos. Dar sin esperar nada a cambio, sentir absoluta felicidad por la felicidad del otro y aprender a ser feliz con los pequeños pero muy grandes detalles de la vida construida en dos, hacen que todo valga la pena.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *